martes, 11 de agosto de 2015

frases que niños y adolescentes no deberían oír de sus educadores. Un artículo de Patricia Ramírez. Excelente






Siete frases que niños y adolescentes no deberían oír de sus educadores









ISTOCK
Muchos padres, educadores y entrenadores hablan sin que sus comentarios pasen el filtro de lo que se debe o no se debe decir. Las palabras no se las lleva el viento. Quedan, impactan, condicionan la forma de ser de las personas a las que educamos y generan emociones como el rencor y la ira por parte de quien se siente agraviado.
Muchos de estos comentarios, cuando se dicen, ni siquiera se sienten. Son fruto de arranques emocionales y de la ausencia de reflexión. Muchas personas tienden a repetir lo que han oído en casa de sus padres, incluso a sabiendas de que les hizo mal.
Te dejo a continuación frases que todos han escuchado alguna vez o que puedes haber pronunciado. No se trata de sentirte mal y culpable si sueles decirlas, pero sí de tomar conciencia y corregir para que no se repitan. Existen otras alternativas, otras formas de comunicarnos que facilitan el entendimiento, la confianza y la complicidad entre niños, adolescentes y adultos.
1. Un día de estos cojo la puerta y ahí os quedáis.
Los niños son muy crédulos y se creen todo lo que les dices. Yo recuerdo que me creí que mi padre era el campeón del mundo del parchís, de la oca y de todo a lo que jugábamos. Y para él solo era una broma, pero yo me lo creía. En este caso era un comentario inofensivo. Pero lo mismo ocurre cuando les dicen que les van a dejar de querer, que se van a ir de casa y que se van a quedar ahí. El niño se siente culpable y desarrolla miedos, incluso dependencia emocional. No permitas que tu hijo pase por este sufrimiento por no saber controlar la situación.
Aprende técnicas y recursos eficaces para que obedezcan, pero no amenaces con algo que ellos pueden interpretar de forma angustiosa y que tú jamás vas a hacer. Hasta que ellos se dan cuenta de que forma parte del control de su comportamiento, puede haber pasado el tiempo suficiente como para haber desarrollado culpabilidad, baja autoestima, dependencia emocional y no sentirse queridos de forma incondicional.
2. No puedo con vosotros. Me sacáis de quicio.
Cuando dices a tus hijos que no puedes con ellos y que te sacan de quicio, pierdes la batalla. Jamás les digas esto, incluso estando de los nervios. Les puedes poner un castigo que hayas reflexionado, puedes quitarles algo que adoren hasta que se porten bien o cumplan con lo establecido, pero no les digas que has perdido la fuerza y que te han ganado, porque eso es lo que significa esa frase.
Realmente lo hijos nunca sacan de quicio, quien te saca de quicio eres tú, que no paras de contemplar la situación como si fuera la tercera guerra mundial, empiezas a hablar de forma atropellada, a verbalizar que estás harto o harta de niños, que no puedes más, gritas y acabas perdiendo los nervios. Si quieres que te obedezcan, habla de forma relajada, sin grandes parrafadas, di de forma clara y resumida lo que quieres que se haga; y si no lo hacen, explica cuáles serán las consecuencias. Y refuerza cuando cumplan con lo que has pedido. Con dar las gracias a veces es suficiente.
3. Si me quisieras...
Huye de la manipulación. Si quieres algo de tus hijos, pídelo. Si quieres compañía, un beso, que colaboren más, pídelo. Pero no utilices el amor para hacer chantaje emocional. Es una enseñanza que también utilizarán ellos cuando sean más mayores. "Papá, mamá, si me quisierais me compraríais una moto, me dejaríais salir hasta más tarde, etc." Si no quieres escuchar estos comentarios, no los utilices tú tampoco con ellos.
4. No puedo confiar en ti.
Todos mentimos alguna vez, todos fallamos alguna vez. Si generalizamos y le decimos que no confiamos, pensará que ya no hay nada que pueda enmendar la impresión que tienes de él. Si te ha fallado dile en qué y cómo te hace sentir. Pero no generalices como si no fuera a ser capaz de decirte jamás la verdad. Al revés, dile que sigues confiando en él y que aprecias que te diga la verdad y reconozca sus errores. Que ese es el comportamiento que te hace feliz. A ti tampoco te gustaría que te retiraran la confianza para siempre. Porque ello impide que tú mejores y seas quien deseas ser.
5. Todo lo haces mal, no hay manera, no sabes hacer nada de lo que te pido.
Después de esta afirmación en la cabeza de tu hijo solo hay una reflexión: soy un completo inútil. Esta idea de uno mismo limita la creatividad, el esfuerzo y la confianza. No hagas juicios de valor de tus hijos, alumnos o jugadores. No etiquetes. Pide solo lo que necesitas de ellos.
La solución pasa por corregir de forma constructiva en lugar de machacar con el error. No es "todo lo haces mal" sino "piensa si esto se puede mejorar y ahora me lo cuentas, creo que podrías darle una vuelta y mejorar el ejercicio".
6. Deberías comportarte como...
Las comparaciones son odiosas. Cada uno es como es. Si deseas que un niño se comporte de forma determinada o que haga o deje de hacer algo, pídeselo. Pero querer que espabile comprándolo con su hermano, con su primo o con su mejor amigo es un error y le aleja de esa persona. No querrá estar en contacto con quien es su rival y, además, le supera.
La solución es pedirle lo que necesitas de él, sin comparativas. En lugar de "te podrías parecer a tu hermano, que se pone a estudiar sin que le digamos nada", puedes decirle "sería genial y me darías una sorpresa enorme si te pusieras a estudiar sin que yo esté pendiente de ti a las cuatro, que es la hora que hemos acordado".
7. Es que eres tonto.
Ya lo decía Forrest Gump: "Tonto es el que hace tonterías". Tu hijo es alguien que se equivoca, que comete errores, que puede que no se esfuerce lo que tú le exiges, pero no es tonto. Cada vez que escucha esa palabra de ti, se lo cree. Y terminará por tirar la toalla ante determinados problemas o dejará de buscar soluciones porque la idea que tiene de sí mismo es la de que es tonto.
La solución pasa por dejar de etiquetarle. En lugar de decir "eres tonto, de verdad, no sabes ni poner la mesa", puedes decirle en qué se ha equivocado y darle la solución: "Carlos, por favor, pon en la mesa lo que falta, creo que son las servilletas y los tenedores".
Cuida tus expresiones, no solo con los que depende de que los formemos, sino con todos. Las palabras pueden hacer mucho daño y no se olvidan.            

viernes, 26 de junio de 2015

La brújula emocional

La brújula emocional

Entender la utilidad de las emociones ayuda a hacer de ellas una guía para nuestro camino


ANNA PARINI

Uno de los grandes avances en la psicología de las últimas décadas ha sido el descubrimiento de la inteligencia emocional como habilidad básica para el éxito.
Quien popularizara el término en 1995, Daniel Goleman, advertía que no nos extrañáramos de acabar trabajando para alguien que en la escuela era calificado de “tonto”, ya que aquellos que dominan sus emociones y comprenden las de los demás tienen una gran ventaja sobre el resto a la hora de progresar y resolver problemas de cualquier tipo.
Familiarizarnos con nuestra brújula emocional nos permite mantener el control sobre nuestra mente, con lo que ganamos atención y eficacia, además de dotarnos de la capacidad de seducción que promueve la empatía.
Por el contrario, no ser conscientes de lo que sentimos puede conducir al sufrimiento y al fracaso en las relaciones sociales.

Las emociones están presentes en todos los niveles evolutivos y en todos los animales, incluyendo los seres humanos, afirmaba el psicólogo Robert Plutchik.
Ya en el siglo XIX, Charles Darwin concluyó que la expresión de las emociones es algo innato y no aprendido, como se creía en su época. Llegó a esta hipótesis tras estudiar su expresión en los animales superiores, así como los gestos que hacen de forma instintiva las personas ciegas de nacimiento. En sus viajes comprobó, además, que estas emociones eran comunes a todas las culturas y se manifestaban de forma parecida, lo cual le convenció de que las llevamos “de fábrica”.

Exprésate como las personas comunes, pero piensa como un sabio”
Aristóteles
En tiempos más actuales se ha intentado enumerar nuestras emociones básicas, que según el psicólogo social Paul Ekman serían seis: ira, alegría, sorpresa, asco, tristeza y miedo. El actor brasileño Marcelo Antoni junto con Jorge Zentner, guionista y escritor argentino, en su libro Las cuatro emociones básicas, además de descartar el asco y la sorpresa del primer rango, señalan la importancia de reconocerlas en uno mismo y en los demás: “Una emoción es información íntima. Un aviso respecto a qué me está pasando en este momento; un toque de atención que sitúa a cada uno en el presente, pues está referida a lo que vivimos y sentimos en este instante concreto. Es un aviso primario con importantísimas funciones en la conservación, la relación y la socialización del individuo. Una información que también recibimos internamente, desde nosotros mismos”.
Los autores hablan de lo que sentimos como “existencia de tránsito”. Nadie puede anclarse de forma permanente a una misma emoción. Por eso, aunque hablemos de personas tristes o alegres, en realidad lo que existen son las situaciones tristes o alegres.
Tomar conciencia de ello permite relativizar lo que sentimos y no tomarlo como algo definitivo, lo cual es un alivio en el caso de las emociones negativas. Saber que el sentimiento que nos tortura es temporal y dará paso a otro, quizá de signo contrario, nos ayuda a relativizar el sufrimiento.
Una vez se toma posesión de nuestra brújula y somos capaces de leer lo que sienten los demás y nosotros mismos, ¿cómo gestionar las emociones? No se trata de meras reacciones a lo que vivimos. También tienen una utilidad y podemos canalizarlas para optimizar nuestra vida y la de nuestro entorno.
  • Al experimentar alegría, aumentamos la empatía y la capacidad de estrechar vínculos con los demás, además de desarrollar en nosotros la ternura, la excitación e incluso la atracción física. Es un estado perfecto para compartir ideas, sensaciones y nuevos proyectos.
  • Sentir miedo activa nuestra atención ante una posible amenaza o peligro. Cuando no aparece de forma injustificada y repetida, convirtiéndose en fobia, esta emoción es muy útil para nuestra supervivencia. Nos permite tomar conciencia de lo que estamos viviendo y, no menos importante, de lo que hacemos con nuestra vida.
  • La ira señala una situación, interior o exterior, que nos produce desasosiego y debe ser reparada. Si en lugar de expresarla a través de una explosión de genio la canalizamos en forma de soluciones, esta emoción nos servirá para corregir el desequilibrio y estar mejor que antes.
  • En cuanto a la tristeza, muchas veces tiene que ver con hechos del pasado. Apunta a algo que hemos vivido de forma traumática o, por el contrario, a experiencias que fueron muy positivas, pero que no podemos volver a repetir, por ejemplo, tras una separación. La función de este estado es desprendernos de aquello que un día tuvimos o sentimos.

Para conectarnos


ANNA PARINI
Discos
Way Down Low
Kat Edmonson (MRI)
Un disco para equilibrar las emociones. El segundo álbum de esta cantante texana de corte jazzístico es una invitación al recogimiento. Canciones como Whispering GrassHopelessly Blue o Happy convocan los estados más serenos de nuestro espectro de emociones.
Comprender nuestras emociones básicas y su utilidad nos permite dejar atrás lo que ya no nos sirve, tomar conciencia de lo que ahora necesitamos y proyectarnos de forma mucho más positiva hacia el futuro.

El problema de muchas personas es que llegan a sentirse abrumadas por sus propias emociones, como si en lugar de una brújula para orientarse llevaran grilletes que las paralizan. Sobre esto, un cuento sufí glosado por el místico y espiritual indio Osho, entre otros, explica lo que un rey pidió a los sabios de su corte:
–Me estoy fabricando un precioso anillo y quiero ocultar bajo el diamante algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de deses­peración. Tiene que ser muy breve de modo que pueda esconderlo allí.
Aquellos eruditos habían escrito grandes tratados, pero no sabían cómo darle un mensaje de solo dos o tres palabras que pudiera ayudar a su rey en esos momentos en los que él consideraba que esa ayuda podría marcar la diferencia.
Sin embargo, el monarca tenía un anciano sirviente que era como de la familia, el cual le dijo:
–No soy un sabio, ni un erudito, pero conozco el mensaje que buscas, porque me lo dio un místico hace tiempo.
Dicho esto, el anciano escribió tres palabras en un pequeño papel, lo dobló y se lo entregó al rey con la advertencia. “No lo leas, mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo solo cuando todo haya fracasado y no encuentres salida a tu situación”.
El momento llegó cuando el país fue invadido y el rey tuvo que huir a caballo para salvar la vida mientras sus enemigos le perseguían. Finalmente, llegó a un lugar donde el camino se acababa al borde de un precipicio.
Entonces se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró el siguiente mensaje: “Esto también pasará”.
Mientras leía aquella frase, los enemigos que le perseguían se perdieron en el bosque, al errar el camino, y pronto dejó de oír el trote de los caballos.

La mayoría de las personas son tan felices como sus mentes les permiten ser”
Abraham Lincoln
Tras aquel sobresalto, el rey logró reunir a su ejército y reconquistar el reino. En la capital hubo una gran celebración y el monarca quiso compartirlo con el anciano, a quien agradeció aquella providencial perla de sabiduría. El viejo le pidió entonces:
–Ahora vuelve a mirar el mensaje.
Al ver la cara de sorpresa del rey, explicó: “No es solo para situaciones desesperadas, sino también para las placenteras. No es solo para cuando estás derrotado; también sirve cuando te sientes victorioso. No es solo para cuando eres el último, también para cuando eres el primero”.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y entonces comprendió.
–Recuerda que todo pasa –le recordó el viejo sirviente–. Solo quedas tú, que permaneces por siempre como testigo.
Como en este cuento tradicional, si entendemos que las emociones no somos nosotros, sino que se trata de estados transitorios de nuestra mente para adaptarnos a la vida, dejaremos de sentirnos sobrepasados por ellas. Las emociones son una brújula, pero nosotros decidimos el rumbo de nuestra existencia.

El mapa facial de las emociones

Los rostros de los seres humanos expresan lo que sienten a través de una serie de gestos que constituyen un lenguaje universal:
Ira: contracción de las cejas, mirada más intensa y tensión en los labios, que se preparan para gritar.
Alegría: elevación de los labios y las mejillas, a la vez que arrugamos la piel bajo nuestros párpados.
Sorpresa: las cejas se elevan adoptando forma circular, además de tener los párpados muy abiertos y la mandíbula baja.
Asco: suele expresarse levantando parte del labio superior y frunciendo el ceño.
Tristeza: descenso de los ángulos inferiores de los ojos y de los labios, que pueden manifestar temblor.
Miedo: elevación de los párpados y las cejas; los labios pueden estar tensos o bien abrir la boca.

Comorbilidad del trastorno del espectro autista y el déficit de atención con hiperactividad

Comorbilidad del trastorno del espectro autista y el déficit de atención con hiperactividad 
02/04/2015
La elevada presencia de trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH) en el trastorno del espectro autista (TEA) ha sido reconocida en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, quinta edición (DSM-5), permitiendo el diagnóstico de ambos trastornos.
Un estudio ha revisado las investigaciones publicadas entre 2010 y 2014 sobre las características cognitivas y sociales de la coocurrencia del TEA y el TDAH. La revisión de los 33 estudios identificados evidencia una prevalencia de síntomas de TDAH en niños con TEA del 33-37%. La condición comórbida presenta más déficit en el control inhibitorio, la atención y la memoria de trabajo. Asimismo, en cognición social, la sintomatología del TDAH incrementa las dificultades en los casos de TEA. Además, el perfil clínico de TEA + TDAH muestra mayor gravedad que el de TDAH o TEA puros, y el retraso en el lenguaje y la intensidad/frecuencia de rabietas son síntomas que ayudan a la identificación en edades tempranas.
Los hallazgos sugieren una superposición ‘aditiva’, y el TEA + TDAH comparte algunos déficits de ambos trastornos, lo cual tiene implicaciones para la evaluación y el diseño de tratamientos efectivos.
[Rev Neurol 2015]
Berenguer-Forner C, Miranda-Casas A, Pastor-Cerezuela G, Roselló-Miranda R